Una iglesia para una capital de comarca

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Nemesio Cobreros diseñó el templo neogótico de Becerreá en sintonía con la importancia que la villa había adquirido

FERNANDA FOLLANA / La Voz de Galicia 16/01/2018

El pueblo de Becerreá es relativamente joven en una comarca que hace más de cien años despertaba ya el interés de sociedades geográficas y universidades extranjeras por sus pallozas y forma de vida milenaria. Como consecuencia no extraña que la iglesia parroquial de San Juan de Becerreá, inaugurada en 1927, sea la menos antigua de toda la comarca. Situada en la calle Carlos III, fue proyectada por el conocido arquitecto diocesano y provincial Nemesio Cobreros en estilo neogótico, siguiendo la tendencia de la época. Sustituyó a la iglesia antigua del cementerio, cuya piedra fue literalmente transportada para construir la nueva y de la que solo queda un mojón. Entre una y otra, funcionó un templo provisional en lo que hoy es el Bar Correos. A finales del siglo XIX debió de hacerse necesario un templo, concordante, por un lado, con el aumento de población y nuevo estatus de capital comercial y administrativa que Becerreá estaba adquiriendo y por otro, con una mejor ubicación con respecto al centro del pueblo, que se había trasladado desde la zona baja hacia la N-VI. Cobreros ideó una iglesia ligera, de arcos apuntados, y porte esbelto, que dominaría el cielo de Becerreá hasta los setenta.Según consta en la documentación parroquial, en 1904 se habían finalizado los sótanos, cuya construcción se hizo necesaria por el desnivel del solar, y que fueron los fundamentos sobre los que se sustentaría el edificio. Pero la falta de financiación paralizó los trabajos, ejecutados en distintas fases a lo largo de más de 20 años, hasta que el templo fue inaugurado en 1927. De los años 50 es la torre del campanario y en el 2011 se finalizó una completa renovación por dentro y por fuera que hoy permite admirar la iglesia en todo su esplendor. Inauguración de la iglesia y ataques durante la Guerra CivilLa iglesia de Becerreá abrió sus puertas en 1927 y, aún con los zapatos nuevos, sufrió una quema al inicio de la Guerra Civil. Ambos acontecimientos figuran en el libro de fábrica de la parroquia de Becerreá. «El día veintisiete de noviembre de 1927 (…) día magno para los anales de esta villa, después de tantos trabajos, se ha podido inaugurar nuestra iglesia con gran regocijo del pueblo (…) con solemnísimas fiestas religiosas y profanas».Curiosamente, unas líneas después se hace referencia al traslado que se hacía desde el templo provisional que en aquellos años funcionaba en el Bar Correos: «A las doce hacía su entrada el Señor en el Templo, traído por el señor vicario del lugar que hacía de Templo». Por otro lado, el párroco José Saco Castedo, hizo constar en el libro de fábrica el ataque a la iglesia durante la Guerra Civil, que también nos ha llegado por tradición oral. «Después de las obras hechas en este templo parroquial en su nueva construcción, el diecinueve de julio de 1936, ha sufrido un quebranto grave, siendo quemados los altares y casi todos los objetos de culto, con sus campanas, que fueron fundidas en la gran hoguera que los amotinados rojos hicieron en la plaza delante de la iglesia».Este asiento, sin embargo, está firmado en diciembre de 1941, cinco años después del suceso, por lo que el entonces párroco debió tener conocimiento del mismo a través de terceros. Esto pone en cuestión la exactitud del hecho, ya de por sí extraño, de que el metal de las campanas se fundiese en una hoguera. Cobreros, el arquitecto de O Vello Cárcere, murió en GuilfreiRevisando, de forma somera, la documentación sobre Nemesio Cobreros no es habitual encontrar la iglesia de Becerreá entre sus obras, mientras que otras iglesias de la provincia, como la de Santiago de Mondoñedo, aparecen destacadas. Quizás porque fue la de Becerreá una obra póstuma. A su muerte en 1909, Cobreros pudo ver poco más que los cimientos del templo becerrense, rematado dos décadas después, y sin embargo el destino quiso que el afamado arquitecto hallara la muerte en el concello de Becerreá, concretamente en la casa rectoral de Guilfrei, como consta en el libro parroquial de defunciones: «En cinco de enero de 1909, a las cinco de la tarde, falleció de muerte natural (…) Nemesio Cobreros Cuevillas, arquitecto provincial y diocesano de esta provincia de Lugo».

Puesto que no fue enterrado en la parroquia, es anormal que el sacerdote anotase el suceso. Quizás la importancia del finado, motivó al párroco a recoger con bastante detalle las circunstancias de una muerte que fue repentina: «No hizo testamento por no dar tiempo su enfermedad que según dictamen facultativo fue ocasionada en el corazón». El cadáver de Cobreros fue trasladado a las cuatro de la madrugada del siete de enero a Becerreá donde lo recibió el lectoral de la Catedral «y lo acompañó a Lugo para darle cristiana sepultura en el cementerio general de dicha ciudad en donde se le hicieron los funerales», según el documento parroquial. El arquitecto de origen vasco Nemesio Cobreros Cuevillas fue uno de los máximos exponentes del neogótico gallego. Nació en Baracaldo (Vizcaya) en 1846, estudió en Madrid y ejerció su profesión en Lugo como arquitecto civil y religioso, ocupando los cargos de arquitecto del Concello, la Diputación y de las diócesis de Lugo y Mondoñedo. Durante el último cuarto del siglo XIX el trabajo de Cobreros fue importante para Lugo; a él se deben, por ejemplo, la apertura de tres puertas de la muralla (Estación, Campo Castelo y Bispo Aguirre), la cárcel provincial y el seminario, el acabado de las torres de la Catedral o el mausoleo neogótico del cementerio de San Froilán. Además de la iglesia de Becerreá, Cobreros construyó los templos neogóticos de Mondoñedo, Vilalba, Sarria y Cervo. El Bar Correos sirvió durante años como templo de BecerreáEl Bar Correos, conocido también como Bar Cine, funciona de forma ininterrumpida como establecimiento de hostelería desde principios de los años ochenta, regentado por la familia Losada Núñez. Es uno de los establecimientos más emblemáticos de Becerreá, no solo porque es un clásico de los menús del día, sino también por su historia. En la memoria colectiva permanece fresco el dato de que fue cine en los años 50 y 60 y en un principio llevaba el nombre de Bar Cine. El de Bar Correos se debe a una anécdota de amistad entre el matrimonio Losada Núñez y Fernando Follana, entonces Jefe de la oficina de Correos, que antiguamente funcionaba en los bajos del edificio colindante de Manolo de Tito. Pero no es tan conocido que el local también fue una salina y, mucho menos que sirvió de templo provisional cuando la antigua iglesia del cementerio fue demolida para aprovechar la piedra para hacer la nueva. Por la tradición oral se conoce que la Iglesia estuvo en el Bar Correos, «el lugar que hacía de Templo» al que hace referencia el libro de fábrica. Aunque no se sabe durante cuánto tiempo, una anécdota espeluznante data el templo ya en los años de la gripe española (1918-1919), pues se cuenta que se llevaban allí los cadáveres a montones, algunos por error, por lo que se movían entre los cuerpos sin vida.

Una foto de 1925 retrata la iglesia en el Bar CorreosCuando Ruth Matilda Anderson, de la Hispanic Society de Nueva York, retrató el 11 de junio de 1925 la procesión de Corpus en Becerreá, lo hizo en la época en que el Bar Correos era ese «lugar que hacía de Templo». Encabezando la procesión que llega trazando la curva de la ancha N-VI, va el San Juan, patrón de la villa, acompañado de estandartes y pendones; vienen de lo que hoy es el ayuntamiento. El edificio no tiene aspecto de iglesia, salvo por el campanario, que no se corresponde con el tipo de construcción. Esta que escribe no tiene ninguna duda de que la foto es del Bar Correos, pues la referencia de las montañas es contundente: al fondo puede reconocerse la del Toro, antaño deforestado, con la loma de Pena do Pico cayendo sobre O Cereixal a la izquierda de la imagen. Aunque el edificio de Tito impide reproducir la misma fotografía actualmente, desde su interior puede fotografiarse la misma perspectiva de la montaña. Sin embargo, la controversia existe y el debate queda abierto.