Tras do mar tamén haberá pueblos

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Fuente: "La Voz de Galicia"
Dositeo viajó ayer desde Touzón hasta Valdoviño para contemplar el océano por primera vez
«Aqueles rapaces parecen pescados saltando fóra da auga, je, je...» exclamó mientras observaba a un grupo de surfistas saltar una ola.Le sorprendió que no tuvieran miedo, «que non afondaran».
«Ai Dios ...nunca vin tanta extensión. E claro, tras do horizonte tamén haberá pueblos».

(Firma: María Cedrón | Lugar: valdoviño)
Dositeo se hizo esa pregunta después de ver ayer por primera vez el mar en Valdoviño. Supo que navegando en dirección a aquella línea lejana que divisaban sus ojos estaba Gran Bretaña y que, si en lugar de mirar hacia el norte hubiera echado la vista al oeste, estaría Norteamérica. Entonces, con curiosidad de descubridor, se hizo otra pregunta: «E Buenos Aires aínda quedará moito máis lonxe, ¿ou?».
Su pregunta no era casual. Dositeo, de la casa de Ramos, nació en Touzón, en la parroquia de Penamaior (Becerreá), y quería saber dónde está Argentina. Varios de sus hermanos recorrieron más de 10.000 kilómetros y se asentaron al otro lado del Atlántico. Dositeo, con 87 años, hizo ayer el viaje más largo de su vida. Fueron poco más de 168 kilómetros. «Hoxe (por ayer) vin o que nunca vin. -dice durante el regreso- Son moitas cousas nun día. Todo gracias ás rodas. Porque se temos que facer todo este camiño a pé...».
Durante los últimos 70 años, Dositeo nunca salió de la provincia de Lugo. Fue varias veces a la ciudad de las murallas en taxi «para ir aos médicos». Antes, cuando empezó la guerra, en el 36, pasó unos días en A Coruña para tratar una úlcera que todavía tiene en un pie. Sólo había visto la ría.
En marcha
Por eso ayer, cogió su bastón y un sombrero para el sol dispuesto a ver, por fin, las olas. Con curiosidad de niño describió la existencia de dos Galicias. «Aquí sales dunha población e méteste noutra. -comentó llegando ya al litoral- Esta debe ser boa terra. Vese moita xente e moita producción. Aquí hai moita riqueza e alí pobreza». Y justo al pasar sobre el puente de la ría de Ferrol, miró a lo lejos: «Eso que se ve alí parece néboa, pero é o mar, ¿de verdá?».
Por la carretera, descendiendo hacia la playa siguió analizando el paisaje. «¿E aquí non nevará?, ¿Tampouco xeará? Hai moito millo, debe haber moito xabalí porque lles gusta moito». Le sorprendió, en medio de tanto llano, ver un monte a lo lejos, un alto sin repetidor.
Llegó el gran momento. Con bastón y un pie vendado, Dositeo pisó la arena por primera vez. «Non se anda moi ben, pero hai que andar. Na vida hai que andar». Pero él, de repente se quedó parado, pensando. Luego sonrió. «¡Qué bonito está o mar. Como traballa -dijo refiriéndose a las olas- Mira e fai ruído, je, je... ¿E como farán ese rapaces (surfistas) para que non os envolva a auga co seu arte».
Contempló todo lo que había a su alrededor: «E hai xente durmindo. E non teñen medo a que lles veña a auga». Y entonces llegó una ola. Dositeo llevó un susto, pero se rió. «Éstes están descansando, pero cun ollo para atrás». Después de un rato, Dositeo miró al cielo. «Cheira a tormenta. Vai chover, haberá que marchar».