Hortalizas comunitarias en Becerreá
| Fuente: La Voz de Galicia (27/07/2010) Como ocurrió con numerosos bienes adquiridos para la la puesta en marcha de escuelas taller, un invernadero instalado por el Concello de Becerreá para un módulo de jardinería estaba abocado a pudrirse en un terreno junto al centro social. Llevaba diez años inutilizado y estaba lleno de maleza y árboles que habían crecido en su interior de forma espontánea y descontrolada. |
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El pasado invierno el Concello decidió aprovecharlo y el alcalde sacó un bando anunciando una convocatoria para ceder en uso pequeñas parcelas. Según señala Manuel Martínez, inicialmente estaba destinado a los jubilados y si sobraba espacio, a los vecinos en general. Pero se animaron menos de los esperados, sin embargo el invernadero fue puesto en marcha y los que se decidieron trabajaron a conciencia hasta dejarlo en condiciones de ser cultivado.
El Ayuntamiento se hizo cargo de instalar una tubería con agua y del plástico que cubre la estructura metálica. También anunció que lo repondrá en una zona que está roto, en tanto que los hortelanos se encargan de todo lo demás.
Uno de los adjudicatarios, Jaime López Pérez, afirma que al principio tuvieron que trabajar duro para desbrozarlo y ponerlo en condiciones de ser plantado. Fundamentalmente lo hicieron él y otro jubilado, Enrique de Vilamane, que son los dos con más experiencia. Comparten el invernadero con un profesor y con otro vecino al que le echa una mano su suegra.
Comenzaron a trabajar en abril y ese mismo mes ya comenzaron a plantar las primeras hortalizas. «Aínda agora saen silvas e herba porque a terra estaba moi mal, por iso este ano non da moito», asegura Jaime. A pesar de todo ya recogieron una cosecha de fresas y la primera de lechugas. Hace días que las grandes tomateras también empezaban a pintarse de rojo y en la parte posterior había unos pimientos de un tamaño considerable.
Cada uno tiene dos parcelas y todavía hay espacio sobrante, porque el invernadero está dividido en una docena, la mayoría configuradas mediante listones de madera. Entre los trabajos iniciales, los hortelanos tuvieron que echarle la tierra que había en el exterior. Jaime asegura que aquel lugar, pegado al centro social, no es el más adecuado porque es una zona de barro y de menor calidad. Pese a ello los resultados están a la vista, teniendo en cuenta que hace cuatro meses se parecía más a una selva que a los lugares más mimados de cualquier aldea.
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